Las desigualdades persisten en numerosos países.
Se observa en particular una feminización
inquietante de la pobreza. Las mujeres son
a menudo las personas más afectadas
por el deterioro socioeconómico y los
efectos del liberalismo. Muchas mujeres enfrentadas
a situaciones de pobreza o de precariedad,
tienen la absoluta necesidad de asegurar unos
ingresos para su supervivencia y la de sus
hijos. Pero sus condiciones de trabajo son
a menudo difíciles (sueldos bajos por
trabajos fatigosos, penosos, flexibles y horarios
inadaptados…). Frente a esta situación,
unos grupos de mujeres se movilizan para cambiar
las cosas. Las asociaciones de mujeres desarrollan
iniciativas para satisfacer necesidades fundamentales:
comida, alojamiento, alfabetización,
educación, necesidades relacionales,
servicios y cuidados esenciales y servicios
que permiten verdaderas elecciones. Crean
actividades que les permiten a la vez asegurar
unos ingresos y utilizar sus diferentes conocimientos
y competencias a menudo adquiridos en condiciones
de existencia difíciles donde se debe
movilizar toda su energía y sus fuerzas
para sobrevivir. Estos proyectos favorecen
el refuerzo de las capacidades de las mujeres
y su emancipación social y profesional.
Estas iniciativas que se agrupan bajo el
término de economía solidaria,
articulan de manera dinámica cuestiones
relacionadas con la salud, la educación,
la cultura y la política en el sentido
pleno de la palabra. El lugar de las mujeres,
su implicación en la economía,
atestigua de un dinamismo, de una energía
y de una búsqueda de soluciones pragmáticas
y políticas. Tanto en el norte como
en el sur su papel es importante en la producción
y en las realizaciones pero aún muy
insuficiente en los circuitos de decisión
y de representación. Su aportación
específica es aún insuficientemente
visible y reconocida para actuar verdaderamente
como agente de transformación social
y política. El reconocimiento de su
lugar y de su papel en la construcción
de otros modelos de desarrollo es un desafío
importante. Para superar las resistencias
y desempeñar verdaderamente un papel
dinamizador social, transmisor, intercesor
entre diferentes culturas, los responsables
de estas iniciativas se federan en red, intercambian
sus experiencias a escala nacional, continental
e internacional.
Es mediante la confrontación de las
experiencias, la capitalización de
las iniciativas, la mutualización de
los métodos y la valorización
de las iniciativas que podemos hacer evolucionar
las prácticas y las representaciones.
Los foros sociales locales, los foros sociales
continentales, los foros sociales mundiales,
los encuentros de Globalizar la solidaridad,
de la Marcha Mundial de las Mujeres permiten
establecer enlaces con actores comprometidos
en los diferentes movimientos sociales: movimientos
de mujeres, movimientos altermundialistas,
movimientos de economía social y solidaria,
para iniciar procesos de cambio. En Porto
Alegre, Brasil, en enero de 2005, un seminario
ha sido coorganizado por varias organizaciones:
el Polo de Socioeconomía Solidaria
(PSES), la red Intercontinental de Promoción
de la Economía Social y Solidaria (RIPESS)
y la Marcha Mundial de las Mujeres (MMF) alrededor
de la noción de las riquezas y de la
equidad de genero en economía . Es
para continuar los estudios, los agrupamientos
y las alianzas que las mujeres de numerosos
países se reunieron en Dakar. Intervendrán
de manera colectiva en el debate para hacer
reconocer la aportación específica
de las mujeres en otras maneras de producir
y de hacer economía. Organizarán
en esta ocasión varias actividades
alrededor de la cuestión del género
y de la economía solidaria: foro, seminarios,
caucus, talleres, para que el conjunto de
las redes concernidas posicionen la cuestión
de la igualdad de genero en el corazón
de las prácticas, de los modos de organización
y de representación.
La dinámica iniciada durante estos
diferentes eventos debería favorecer
la consideración de la cuestión
del género en el conjunto de nuestras
redes. El reconocimiento de la contribución
de las mujeres a la noción de riqueza
y a una sociedad más justa y más
igualitaria debería permitir desarrollar
una economía responsable, plural y
solidaria.